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Bibliografía I JORNADAS DE LA REAL ACADEMIA DE CÓRDOBA SOBRE ESPEJO
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Al sur de las laderas de los cerros y lomas de Montefrio y la Carrascosa, circundada al Este y Norte por el río Guadajoz, al Oeste por el arroyo de Carchena y al Sur por el arroyo de Cabañas, y en la encrucijada de dos rutas históricas, si sitúa en una de sus mas altas colinas, uno de los recintos neolíticos mas antiguos de la provincia de Córdoba, como lo atestiguan las hachas neolíticas de alabastro, hoy en el Museo Arqueológico Nacional, así como los numerosos objetos hallados en torno del Castillo.
           
        Este espolón estratégico dominante de la campiña, de los valles del Guadajoz o Salsum, de los Valles de Vanda y sobretodo de las rutas o caminos ibéricos históricos, se ubico el núcleo de población turdetano de UCUBI, levantándose una fortaleza o atalaya ibérica para defensa de la población y siendo este posiblemente el origen mas primitivo de nuestro castillo.

        En el manuscrito de Leyden ya se nombra a Ucubi. Las espadas o falcatas. El freno de caballo ibérico, así como necrópolis con urnas cinerarias ibéricas pintadas de los siglos III y II a.C., entre otros certifican la existencia del recinto ibérico.

        Por todo ello podemos aseverar que Ucubi, por su situación estratégica debió ser una pequeña `población ibérica, fortificada en el castillo actual y en la coronación o cumbre del cerro.

        Los romanos la denominaron ATTUBI, y en tiempos del Emperador Dioclesiano, se le cita entra las ocho ciudades mas importantes de la Bética, junto con Martos, Baena. Córdoba, Sevilla, Ecija, Osuna y Jerez.
Plinio la cita con el nombre romano de “ATTUBI QUAE CLARITAS IVLIA”. En esa época se realiza la primera reconstrucción del castillo que tengamos noticia.

De camino hacia Córdoba, Cesar se detiene en la ciudad y como premio a la lealtad y apoyo a su causa y a los sufrimientos y vejaciones de los Ocubitenses, les concede la categoría de Municipio Romano, y le otorga a la ciudad el titulo de “COLONIA CLARITAS IVLIA”.

        Desde entonces Attvbi es COLONIA INMUNE, con culto imperial municipal perteneciente al “Coventus astigitano”.

        Según Juan Fernández Franco (Juan Fernández Franco, figura clave del siglo XVI en el estudio de la epigrafía hispana, especialmente de la Bética), recodando estos hechos, justifica dicho titulo diciendo “que para que quedase fama de Cesar como vencedor, puso el nombre de Claritas Iulia, que es resplandor de Julio Cesar”.

         Otros autores aseveran que otra interpretación de esa misma raíz latina de “claritas” que significa “celebridad, brillo, claridad, luz, resplandor, etc.”, pudo entenderse por los latinista de Fernando IV en 1.303, como sinónimo de “speculum” que significa espejo, es decir, superficie brillante en que se reflejan las imágenes, y en sentido figurativo “lo que da imagen a una cosa”, o bien, dicho de otra manera, el espejo donde se refleja la lealtad que quiso premiar y perpetuar, Julio Cesar, dando nada menos que su nombre a la ciudad.

        Un estudio arqueológico muy interesante seria reconstruir el recinto amurallado de época ibérica y romana, analizando los diferentes tipos de cimentación encontrados en las excavaciones de obra de nueva planta que se hacen en la actualidad.

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Como vestigios también de esa época, aun se pueden observar los cimientos de argamasa romana en la base del Castillo a poniente.

        Durante la época visigoda, el recinto amurallado y la fortaleza seria la misma que en época romana, es decir, una pequeña población fortificada en la cumbre del cerro.

        De esa época, existen vestigios tales como baldosas o ladillos visigodos, una planta basilical con capiteles en uso durante el siglo VII y la lapida de Balesarius, siervo de Cristo, del año 700, así como depósitos y conducciones de aguas.

        No obstante, la decadencia y empobrecimiento de dicha época, llegaría a provocar casi un despoblamiento y arruinamiento del poblado en general, así como sus murallas y fortaleza, de tal manera que cuando se produce la invasión árabe, los califas de Córdoba tienen que realizar importantes mejoras, destacando la reconstrucción de sus fuertes murallas, de las que aun hay restos en la entrada de la localidad.

Aun se conservan topónimos de algunos puntos de dichas murallas, tales como “La Albuhera” del árabe al-buhayra, que significa alberca, y donde la tradición popular señala el lugar del baño de la favorita, o la calle Alfolíes, donde se situaban los almacenes y venta de sal.

        La reconstrucción mas importante del castillo fue la Torre del Homenaje, elevando la mampostería hasta conseguir un bastión invulnerable, y una mole de tal envergadura, que le dio el nombre al lugar denominándose en dicha época, Alcalat, palabra árabe “gal’a” que significa fortaleza o recinto fortificado, si bien se desconoce aún el objetivo posesivo de su constructor, propietario o conquistador, como era usual, como Alcalá la Ben Zaide (hoy Alcalá la Real), Alcalá de los Gazules, etc.

        La torre de Alcalat, como la llamaban los cristianos recién conquistada por las huestes de Fernando III, debió pertenecer a la cora de Cabra, y era una de las “garyas” o”mahallar” (aldea), situada en el camino, que saliendo de Cabra, se dirigía a la Torre del Puerto (Monte Horquera), Matallana, (Matalyana) Alcalat, Castro del Rió, Teba y después entraba a Córdoba por el camino viejo de Castro.

        Esta ruta esta documentada por Ibn Hayyan, y fue seguida por Muhammad Ibn’Abi’Amir y Ya’far Ibn’Ali cuando procedentes de Berberia se dirigían a Córdoba muy lentamente por ir acompañados por sus mujeres, que viajaban con numeroso cortejo provisto de jamuhas, literas y palanquines adornados con preciosos cobertores y telas con el fin de ocultar a dichas esposas, (16 de Septiembre de 971).

        Al fin de la época árabe se produce un nuevo despoblamiento, de manera que cuando Ben Hud, rey de Córdoba en 1.236, entrega la torre de Alcalat a Fernando III, y este a su vez la dona a la Orden de Santiago, cuando estos últimos toman posesión del torreón, apenas encuentran población alguna, es decir, casi todos sus habitantes habían huido del lugar hacia el reino nazari.

Desde aquel año pasa la torre de Alcalá, a ser bastión adelantado en las fronteras entre el floreciente reino Nazari de Granada y el reino de Castilla y León, quedando vinculada la villa al señorío de la Orden de Santiago, la cual debió realizar una importante obra de consolidación y reconstrucción, tanto del Castillo como de las murallas.

        De este hecho histórico, seguramente proviene el escudo heráldico de la Villa, que consta de ocho cuarteles alternos de leones y castillos, símbolos de Castilla y León sus conquistadores, y un escuson de campo de plata, la Cruz de Santiago en guless y en la parte inferior dos lunas de sable en creciente, que simbolizan su primer dueño y defensor de la frontera.

        Posteriormente Fernando III , los dono a Pedro Ruiz de Castro, hasta que su nieto, el celebre Don Pay Arias de Castro, Señor de castroviejo, consiguió el 14 de Enero de 1.303 de Fernando IV, un privilegio rodado otorgando sustanciosas franquicias a los moradores del Castillo “que solían llamar Alcalá” y que a partir de ese momento por voluntad real se llamaría “Espeio”, o Espejo, que según otros autores proviene del latín specula, que significa lugar de observación, altura, montaña, atalaya o vigía, nombre que manifiesta la elevada y estratégica situación que ocupa.

        Participo en las mas duras y sangrientas batalla de la época, tales como la Batalla de Andujar o Arjona en la primavera de 1.296, contra Muhamad II; en la Batalla de Baena , en 1.297 y 1.324; en la Batalla de Elvira en 1.319; en la defensa de Castro del Rió en 1.331, etc. Y llego a ser Alcalde de Alcázar Real de Córdoba y Portero Mayo por el rey de Andalucía, cuya principal misión era de pregonero por toda la región proclamando el llamamiento general a las armas; también fue embajador extraordinario de Fernando IV ante el Papa Clemente V, y copero mayor de la reina Constanza.

        Fue el verdadero caballero frontero, curtido en mil batallas, que al igual que el Cid Campeador, temían los moros “mas que al propio diablo”, y cuya vida heroica y repleta de aventuras guerreras, valdría toda una conferencia, para resaltar la personalidad de PAY ARIAS DE CASTRO que deberían conocer y sentirse orgullosos todos los espejeños.

        Como adelantado de la frontera (Al-farantira) que unía los Castillos de Baena, Castro del Rió, Montilla y Aguilar, y consciente de la importancia estratégica del lugar, reconstruye, rehace y amplia el Castillo, utilizando las canteras y sillares de la ciudad ibérica de Ategua, de la que era propietario y señor, haciendo del mismo, una fortaleza imbatible, un bastión inexpugnable, símbolo del poder y riqueza de su señorío.

        Le sucedido su hijo Ruiz Pérez (Páez) de Castro, II señor de Espejo y su nieto Juan Arias de Casto, II Señor de Espejo. De este pasa a su hermano Juan Rodríguez de Castro, IV Señor de Espejo y finalmente su hermano Juan Arias de Castro fue el V Señor de Espejo.

        En 1.366, compra el castillo, Don Pedro Muñiz de Godoy, Maestre de Santiago, para mejorar la dote de su hija Doña Maria Alfonso de Argote y Godoy, que caso con D. Martín Fernández de Córdoba, III Alcalde de los Donceles, en quien Enrique II, en 1.377 hizo un mayorazgo.

        La Casa de Castro, fundadora de Espejo, entronca con la casa de Aguilar y la Casa de Córdoba, y de esta unión continuara ininterrumpidamente hasta nuestros días, la descendencia legitima y directa de los Señores de Espejo.

        Este señorío, después de haber pertenecido a las casas de los marqueses de Comares, después de Sorbe y de Cardona, recayó en la de los duques de Medinaceli.

        En la actualidad, el castillo es propiedad de la Exma. Sra. Doña Ángela Maria Téllez-Girón y Duque de Estrada, Duquesa de Osuna.

        Una de las ultimas acciones militares en las que se batio el Castillo, fué en el año 1.465, siendo heroica la defensa valerosa de la fortaleza por el alcaide de la Villa, Don Andrés Fernandez de Mesa, con ayuda de los vecinos, contra los señores de Aguilar, que habian tomado partido por el infante Don Alonso, a quien pretendian colocar en el trono durante el reinado de Enrique IV.

        Por la decisiva influencia que tuvieron los espejeños en la batalla del Salado, en 1.340, el rey Alfonso XI, otorgó a la Villa el Titulo de "Leal", y le concedio los privilegios del Fuero Real de Cordoba, emancipandose del anterior señorio. Mas tarde, en 1.498, los Reyes Católicos le declararon pueblo libre de la Corona.

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LA SUCESIÓN DE LOS SEÑORES DE ESPEJO
(Bibliografía I JORNADAS DE LA REAL ACADEMIA DE CÓRDOBA SOBRE ESPEJO)

            La sucesión de los señores de Espejo desde su fundación hasta nuestros días es la siguiente:

I SEÑOR DE ESPEJO          
Pay Arias de Castro,
hijo de Rui Pérez de Casto y de Doña María Teresa Pérez de Sotomayor: Caso con Doña Urraca Téllez de Meneses.

II SEÑOR DE ESPEJO
Rui Pérez de Castro:
caso con Doña Teresa Martínez de Alcázar

III SEÑOR DE ESPEJO
Pay Arias Castro,
murió sin sucesión y le heredo su hermano.

IV SEÑOR DE ESPEJO
Juan Rodríguez de Castro,
murió sin sucesión.

V SEÑOR DE ESPEJO
Juan Arias de Reguera,
hijo de Arias Pérez de Castro segundo hijo de Pay Arias de Castro y Doña Elvira Pérez Osorio: Caso con Doña Juana Martínez Argote.

VI SEÑOR DE ESPEJO
Doña Juana de Reguera,
murió sin sucesión y la heredo su madre.

VII SEÑOR DE ESPEJO
Doña Juana Martínez de Argote

VIII SEÑOR DE ESPEJO
Don Juan Martínez de Argote
segundo señor de Lucena, sobrino de la anterior señora de Espejo (VII): Caso con Doña Maria García Godoy.

IX SEÑOR DE ESPEJO
Doña Maria Alfonso de Argote y Godoy:
Caso con Don Martín Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, hijo mayor de Don Diego Fernández de Córdoba tercer alcaide de los Donceles y de Doña Inés Martínez de Argote señores de Cañete.

X SEÑOR DE ESPEJO
Don Diego Fernández de Córdoba
alcaide de los Donceles: Caso con Doña Catalina de Sotomayor de la casa del Carpio.

XI SEÑOR DE ESPEJO
Don Martín Fernández de Córdoba:
Caso con Doña Leonor de Arellano, hija de Don Pedro Fernández de Córdoba y Doña Elvira de Herrera, Señores de Aguilar.

XII SEÑOR DE ESPEJO
Don Diego Fernández de Córdoba
primer marques de Comares: Casó con Doña Juan Pacheco de la Casa de Escalona.

XIII SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Fernández de Córdoba,
segundo marques de Comares: casó con Doña Francisca Fernández de Córdoba de la casa de Cabra.

XIV SEÑOR DE ESPEJO
Don Diego Fernández de Córdoba,
llamado el Adricano, tercer marques de Comares: casó con Doña Juana de Aragón de la casa de Segorbe.

XV SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Fernández de Córdoba,
cuarto marqués de Comares: casó con Doña Ana Henríquez de Mendoza de la Casa de los Almirantes de Castilla, duques de Medina de Río Seco, murió en vida de su padre.

XVI SEÑOR DE ESPEJO
Don Enrique Fernández de Córdoba,
quinto marques de Comares: casó dos veces: la primera con Doña Juana de Rojas de la casa de Poza; la segunda con Doña catalina Fernández de Córdoba y Figueroa, de la Casa de Priego.

XVII SEÑOR DE ESPEJO
Don Luis Fernández de Córdoba y Aragón,
quinto marques de Comares: casó dos veces: la primera con Doña Mariana de Sandoval, duquesa de Lerma; la segunda con Doña Maria Teresa de Benavides de la Casa de Santisteban. Hija del primer matrimonio que heredo la Casa por haber sobrevivido a sus hermanos mayores.

XVIII SEÑOR DE ESPEJO
Doña Catalina Antonio Fernández de Córdoba y Aragón,
sexta marquesa de Comares: casó con Don Juan francisco de la Cerda Enríquez de Rivera, Duque de Medinaceli y Alcalá.

XIX SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Francisco de la Cerda, duque de Medinaceli:
casó con Doña Maria de las Nieves Girón y Sandoval y no habiendo tenido sucesión que le sobreviviese, le heredo su sobrino.

XX SEÑOR DE ESPEJO
Don Nicolás Fernández de Córdoba y Cerda,
duque de Medinaceli: casó con Doña Jerónima Espinola de la Cerda.

XXI SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Fernández de Córdoba,
duque de Medinaceli: casó con doña Teresa de Moncada, marquesa de Aytona.

 XXII SEÑOR DE ESPEJO
Don Pedro Alcántara Fernández de Córdoba,
duque de Medinaceli. Casó con Doña Maria Gonzaga Caracciolo, hija del duque de Solferino.

XXIII SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Maria Fernández de Córdoba,
duque de Medinaceli: casó con doña Joaquina de Benavides, duquesa de Santisteban.

XXIV SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Joaquín Fernández de Córdoba,
duque de Medinaceli: casó con Doña Maria de la Concepción Ponce de León de la Casa de Montemar.

XXV SEÑOR DE ESPEJO
Don Luís Tomas de Villanueva Fernández de Córdoba,
duque de Medinaceli: casó con Doña Ángela Pérez de Barradas y Bermy, hija de los marqueses de Peñaflor.

XXVI SEÑOR DE ESPEJO
Doña Ángela Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas:
casó con Don Francisco de Borja y Téllez-Girón y Fernández de Velasco, duque de Uceda y duque de Escalona.

XXVII SEÑOR DE ESPEJO
Don Mariano Téllez-Girón y Fernández de Córdoba,
duque de Osuna: casó con Doña Petra de Estrada y Moreno, hija de los marqueses de Villapanés, Grandes de España.

XXVIII SEÑOR DE ESPEJO

Doña Ángela Maria Téllez-Girón y Duque de Estrada, duquesa de Osuna, actual dueña del castillo ducal de Espejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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