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LAS CUATRO ESTACIONES

 

El día en que mi pensamiento fué uno conmigo
desperté a la vida y la realidad se hizo una en mí,
fuí adquiriendo conciencia de las cosas y descubrí mi yo
y la vida eclosionó en mí en un instante como una explosión

 

Creemos nacer con el parto de la madre,
cuando solo es el paso necesario a la conciencia de ser,
y cuando, el ser aparece y te da conocimiento, está ocurriendo
el parto que te descubre que has nacido, que la vida empieza

 

Y apenas comienza el ciclo de mi primavera, lo que vive en mí,
vuela hacia el invierno omitiendo el verano y otoño
ciclos de la vida imprescindibles para la vejez.

 

Los juegos, el colegio, los amigos, caricias, risas y desencantos,
tejiendo en silencio la tela de mi vida, van guiando la niñez,
haciendo viajar mi despertar al conocimiento y la vida,
a la candidez de la adolescencia con una nueva detonación.

 

Aun la primavera no ha terminado, está en su medio día
deja que llegue la tarde que aún queda por aprender.
Ha de llegar el amor que inunde todo mi ser para aprender a compartir
y ha de llegar el dolor y la soledad para aprender a sobrevivir.

 

Llegando esta el verano, la paz armonía y quietud están en mi
ya he aprendido paciencia ya sé que aún queda por vivir
que vendrá el otoño, que dando paso al invierno me enseña a discernir
ahora comparto vida que completa mi vivir y doy vida a otras vidas
que vivirán gracias a mí, y voy formando al ser humano en mi sentir.

 

El otoño me sorprende aprendiendo a sobrevivir
y descubro que la vida que empezó en explosión
es un mar en calma que aplaca el corazón,
voy recorriendo el ciclo que colma la sinrazón
ya no me pregunto por la vida, solo hablo al corazón.

 

Ahora el invierno está en mi alma y es la hora de partir,
ya llegó la tarde en que volví a recordar mi primavera,
a desandar lo andado y evocar que pasado y presente es uno.
Recorrí los caminos del recuerdo buscando en rostros desconocidos
breves retazos del pasado, y la soledad del corazón me habla
en cada rincón donde he jugado,
que paso el verano, que el invierno se ha instalado.

 

Cuán grande es la soledad del recuerdo no compartido,
si descubres que en la vida andada en compañía
tan solo has compartido lecho, hijos y rutina
que los besos sin pasión fueron solo besos.

 

Va llegando el momento que la señora de la siega
lista esta para recoger el heno, que en la plata de mis sienes
pronta está la hora del viaje sin retorno, del sel sueño y el olvido.

 

 

 

VIENTOS MARINOS

Como cada mañana justo al salir a la cubierta, el frío que helaba sus manos se

le metía hasta los huesos.

Llevaba ya navegando dos años, dos largos años que hace que dejó su pueblo, sus amigos y la gente que lo vió crecer.

 

Unos días antes de partir, le preguntaban y a donde vas, y él,  a la MARINA a la ARMADA que suerte le decían unos y otros, y él con el miedo en el cuerpo y ese gusanillo que te come por dentro cuando abandonas por primera vez tu hogar, partió y se alejó del pueblo.  

 

Cuando vió por primera vez ese enorme barco al que lo habían destinado sintió miedo, nunca había estado tan cerca de uno tan grande (bueno no había estado nunca tan cerca de ningún barco) era una enorme mole gris y de hierro.

 

Recuerda que cuando llegó por primera vez a Cádiz  la ciudad lo recibió con un viento de levante de los que hacen época, el jamás había visto un vendaval semejante, en el pueblo a veces el solano era fuerte y seco pero esto era otra cosa.

    

Embarcó salió a navegar y por primera vez vió, como ese viento zarandeaba al barco como si fuera de papel, como si no fuera de hierro.

    

Las primeras náuseas del que no es marinero, las primeras tormentas en mar, las entradas y salidas del puerto que difícil era todo que distinto al pueblo.

    

Poco a poco fué perdiendo el miedo, “LA MAR ENDURECE A LOS HOMBRES”, eso había leído en alguna parte, pero ahora sabía que lo que endurece a los hombres no era la mar.

    

Había estado en varias misiones de paz y ahora volvía de Afganistán, meses atrás había estado en Haití en los dos sitios vió lo mismo, hambre miseria injusticias y muerte, demasiados muertos, demasiado sufrimiento, siguió pensando esto, mientras el viento se le metía en las entrañas y le helaba los huesos, hoy es imposible estar en cubierta con esta mar enfurecida y con este viento que quema los labios, que agarrota los dedos y que barre la cubierta de proa a popa jugando con el barco como una mota de polvo como un grano de arena en la tormenta de un desierto.

    

Pero acabo la ronda y cuando ya pensaba volver a dentro, sonó la alarma, esa alarma que te dice que la mar quiere su tributo que la mar quiere un muerto. Se aprende rápido, que cuando suena esa sirena hay quien está en apuros hay quien lucha con las olas hay quien está peleando con la mar sin la mas mínima defensa, que lo hace cuerpo a cuerpo.

    

Ahora hay que ayudar a los niños y cubrir a los muertos, en un cayuco de emigrantes, en un cayuco de negros lo que menos importa es el viento o el frío intenso que te hiela los huesos lo importante, son las vidas, vidas de gentes que como yo dejaron a tras su pueblo y embarcaron en la mar a merced de las olas y lo que quieran los vientos.


HACE TIEMPO QUE APRENDIO QUE LA MAR NO ENDURECE A LOS HOMBRES, LO HACE LA VIDA, LA INJUSTICIAS, LA DESIGUALDAD, LA MISERIA, EL HAMBRE, LAS FRONTERAS, LAS GUERRAS Y LAS POLITICAS DE LOS HOMBRES QUE SE CREEN DIFERENTES POR QUE NO SON NEGROS, NO VAN EN UN CAYUCO, TIENEN LA BARRIGA LLENA Y ESTAN EN SUS DESPACHOS AL ABRIGO DE LOS VIENTOS LEJOS DE LA MAR QUE PIDE EN CADA VIAJE EL TRIBUTO DE LA MUERTE, Y LLENAR SU FONDO DE MUERTOS.

 

-Yepo -