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POR UN OASIS EN EL DESIERTO

 

Una familia de acogida pone en marcha una campaña en Espejo con la que pretende ayudar a los niños saharauis

 

 

SARAY CRESPO

 

ESPEJO
Érase una vez una niña saharaui de 10 años que fue a pasar el ve rano con una familia de Espejo. Soumehia, que así se llamaba, era muy cariñosa. "Mamá, papá", decía a Toñi y a Loren. "Hermana Lola, hermano Loren", a sus hijos. La pequeña se ganó el corazón de todos. Entre risas y juegos, pasaron los meses de verano y Soumehia debía vol­ver a casa. La despedida fue tris­te. Todos lloraron. Pero a la vez, eran felices. La niña estaba de­seosa de enseñar a su familia biológica todo lo que había aprendido y los demás se sentían satisfechos de haberla ayudado. Y colorín colorado, es­te cuento ¿se ha acabado? No, la historia no termina aquí. "Cuando se fue nos dejó un vacío muy grande", cuenta Toñi Vega. Por eso, pensó que la pe­queña podría pasar algún tiem­po en Espejo ahora que llega la Navidad o en Semana Santa. In­mediatamente, se puso en con­tacto con la asociación Amigos de los Niños Saharauis para sa­ber cómo podía hacer realidad lo que se quedó solo en un sueño. "Cuál fue mi sorpresa cuando me explicaron que no era fácil traerla". Sin pasaporte no pueden salir. 'Tan solo se les permite en verano gracias a las asociaciones y familias queofrecemos nuestras casas".Para conseguir un pasaporte deben ir a más de 500 kilómetros del campamento, sin medio de loco­moción. "Para una niña de 10 años, imposible". Pero Toñi no cesó en su empeño. "Ella no puede venir, tendríamos que ir nosotros". Sin embargo, esta so­lución tampoco era fácil. "Como viven en un campamento de re­fugiados, no se puede entrar con coches particulares".
Una decepción tras otra, llegó la Navidad. "Cuando estaba comprando y preparando las cosas y pensé en cómo la chi­quilla estaba allí se me hizo un nudo..." Emocionada, cuenta cómo decidió que había que ha­cer algo para que la gente cono­ciese la situación en la que vi­ven los niños saharauis. Contan­do su experiencia, redactó una emotiva carta que hizo llegar a los colectivos de Espejo para convocarlos a una reunión.
Se batieron todos los récords. El pueblo se volcó, aportó sus ideas y se decidió celebrar hoy una cena solidaria en Los Ami­gos de Espejo, seguida de una fiesta. Además, en las tiendas se recogen alimentos y artículos de aseo personal. Igualmente, se ha abierto en Cajasur la cuenta 2024-0028-92-3300012827. Los Reyes Magos, cargados con el re­sultado de esta solidaridad, lle­garán al desierto en febrero.

 

 

 

 

 

EL CLARITAS IULIA CONQUISTA LA LIGA JÚNIOR DE BALONCESTO

 

Córdoba - El Claritas Iulia de espejo conquistó el primer titulo provincial de baloncesto de su historia al vencer en la final de la liga júnior al CV Carmen por 2-0. El campeon de la fase regular de la competición cumplió con su condicion de favorito al superar a su rival carmelita por 88-75 y 69-73. Los dos finalistas disputarán en abril el campeonato de Andalucia.

 

CANCIONERO 2010 AÑO IX EPOCA II NUM.114

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LA IMAGEN FUE TOMADA LEJOS DEL FRENTE DE BATALLA

La foto del miliciano caído de Robert Capa fue un montaje

 

El miliciano no estaba en Cerro Muriano sino en Espejo (Córdoba).

 

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     No es nuevo que la celebrada fotografía de Robert Capa La muerte de un miliciano genere polémica en torno a sí, de hecho, hace años que se cuestiona tanto la personalidad del miliciano caído como su propia veracidad documental de la imagen y se la califica de escenificación. Parece que ahora, a raíz de la exposición Así es la guerra que se celebra en el Manac de Barcelona y del material que se reúne y muestra allí, algunos expertos están más cerca de poder afirmar definitivamente que se trata de una “representación” como el resto de las fotografías de la serie, en algunas de las cuales se ven escenas poco creíbles como milicianos en línea de fuego a campo abierto.

 

 

    Desde el punto de vista de la Historia de la Fotografía, una nueva aportación de datos que den solidez a la posibilidad de que se trate de una simulación, no varían ni la calidad de la imagen ni la consideración de Capa como reportero de guerra. Tampoco el hecho de que esta fotografía ha sido el icono de la guerra civil española para medio mundo. Es necesario tener en cuenta que la actual posición ética sobre la no manipulación de la fotografía periodística, no era ni mucho menos una cuestión de fe en la primera mitad del siglo XX y otras celebérrimas imágenes bélicas como Izando la bandera en Iwo Jima, de Joe Rosenthal, han estado también envueltas en la polémica bajo la acusación de ser una escenificación.

 

    Por su interés, reproducimos el artículo de El Periódico de Catalunya que ha dado lugar a la última polémica. Recomendamos también la visita a su web, ya que el artículo ha tenido continuidad y apoyo de opinión.

Las fotos expuestas en el MNAC desvelan que la imagen mítica de Robert Capa fue tomada lejos del frente de batalla

 

ERNEST ALÓS, "ESPEJO (CÓRDOBA)"

    Los libros de historia de la fotografía, todas las descripciones de la foto más reproducida de la guerra civil española y las biografías del fotógrafo Robert Capa se tendrán que rehacer. La instantánea que dio a conocer al mundo el conflicto español y que convirtió a Capa en el fotógrafo de guerra más famoso no retrata al miliciano alcoyense Federico Borrell mientras cae mortalmente herido en Cerro Muriano (Córdoba) durante los combates del 5 de septiembre de 1936. Este diario ha podido localizar el lugar donde Capa y su compañera Gerda Taro retrataron las evoluciones de un grupo de milicianos de Alcoi, y la ubicación confirma casi definitivamente que la secuencia fue un montaje flagrante.

 

    Las 40 fotografías de esa jornada, expuestas en las muestras Això és la guerra! Robert Capa en accióGerda Taro del Museu d’Art de Catalunya (MNAC), y los catálogos que las recogen, han permitido identificar sin lugar a dudas el paisaje: se trata de la loma de Las Dehesillas, junto al casco urbano de Espejo (Córdoba) y a unos 10 kilómetros del frente. Las coordenadas: 37° 40’ 39’’ Norte, 4° 32’ 57’’ Oeste.

 

K

 

 

    El cambio de ubicación en 50 kilómetros cambia toda la historia y confirma definitivamente que la secuencia estuvo preparada. En Espejo solo hubo lucha entre el 22 y el 25 de septiembre, al mismo tiempo que la fotografía era publicada en la revista francesa Vu y 20 días después de que los fotógrafos dejasen Cerro Muriano el 5 de septiembre (pudieron parar en Espejo uno o dos días antes o después). Espejo era el atrincherado cuartel general de la fuerza de carabineros, militares y milicianos mandada por el comandante Joaquín Pérez Salas, las posiciones franquistas más cercanas estaban a 15 kilómetros, en el pueblo de Montilla, y la colina está orientada hacia localidades que esos días estaban bajo control republicano, no rebelde.

 

    Que en estas circunstancias, mientras los milicianos y los fotógrafos «hacían el tonto» –algo que acabó reconociendo el biógrafo de Capa, Richard Whelan– se escapasen varios disparos desde el frente enemigo y que acabasen con la vida de al menos tres milicianos (las fotos muestran a dos de ellos cayendo abatidos y tres cuerpos tendidos en el suelo), sin dejar ningún herido, entra de lleno en el campo de lo inverosímil. Aún más cuando ni los partes militares recogen acciones ni los recuerdos de los combatientes registran bajas a principios de septiembre.

 

    La versión de la muerte en combate se desmorona incluso sin tener en cuenta las numerosas dudas que ya pesaban sobre el reportaje que supuso el bautismo de fuego de los novatos Capa y Taro: la dudosa postura del caído, la increíble casualidad de que dos milicianos (el famoso y otro) cayesen en el mismo punto frente a una cámara situada en la misma posición, los posados de milicianos apuntando en medio de un descampado a pecho descubierto (y en una ocasión, con el fotógrafo en plena línea de fuego)…

 

Ubicación incoherente

 

    Pero contrastar qué sucedió en Espejo esos días y qué representa la foto es definitivo. Lo hace Francisco Moreno, el historiador que ha estudiado exhaustivamente la guerra civil en Córdoba, que calificó primero esta tesis de «fantasmagoría» pero se quedó paralizado mientras le mostraban las fotografías. «Me extraña que el cachondeo que se ve en las fotos lo permitiese Pérez Andújar, uno de los oficiales más serios y disciplinados de la República. Pero en los combates de Cerro Muriano del 5 de septiembre era imposible que hiciesen poses como las de la foto. Y si es Espejo y es una representación, lo es de principio a fin, incluyendo la muerte. Allí no podía haber muertos porque no los hubo hasta finales de septiembre. Y solo hubo combate urbano». Poco antes o después del 5 de septiembre, Capa y Taro podrían haber llegado a Espejo sin encontrar acción real que fotografiar (en Cerro Muriano solo tenían refugiados), pero sí milicianos desocupados dispuestos a posar.
    

    Que es Espejo lo confirman las fotos de la serie que muestran un horizonte amplio, con cortijos, cultivos y colinas que los vecinos del pueblo reconocen de inmediato: las sierras de Montilla y de Cabra, los olivares de Castro del Río e instalaciones olivareras (los Molinos del Campo, la Casilla de los Taladores). Tres de ellos (Águedo Pavón, Salvador Ramírez y Rafael Rodríguez) muestran el camino a una loma junto al cementerio del pueblo donde la perspectiva puede ser similar. Y efectivamente, en Las Dehesillas, un olivar desde los años 40 pero un sembrado en 1936, la perpectiva encaja con los horizontes de las fotografías de Capa y Taro, con una alineación idéntica entre los picos, los caminos y las edificaciones que aún se conservan. Eso sí, el lugar esta encarado a territorio republicano en esos días.

 

    Uno de los vecinos más ancianos de Espejo, Francisco Castro, que ese verano de 1936 tenía 9 años, recuerda a los milicianos de Alcoi, y su descripción también es un duro golpe para la fotografía: «Hasta que vinieron desde Montilla a finales de septiembre aquí no hubo ni un tiro, solo algún bombardeo de aviación. Los milicianos se paseaban por las calles y se comían los mejores jamones del pueblo». Debieron de dejar buen recuerdo, porque cuando los de Espejo tuvieron que emigrar «la mayoría fueron a trabajar a Alcoi».

 

    Cuando los sublevados llegaron no hubo un simple tiroteo: entre el 22 y el 25 de septiembre se produjo un asalto sangriento, con bombardeos por tierra y aire, sin que los marroquís tomaran prisioneros y con ejecuciones incluso de los reclutas que se rindieron. Moreno escribe que en la toma de Espejo murieron al menos 108 defensores (400 según otras fuentes), enterrados sin registro alguno. Entre ellos estaba Juan Ruesca, líder del contingente de anarquista Alcoi en Espejo (el resto, con Borrell, estaban en Cerro Muriano). ¿Estaban entre ellos los milicianos de las fotos, o vivieron para luchar, y muchos morir, el 1937 en Teruel?

 

    Cyntia Young, comisaria de la exposiciónAixò és la guerra!, está abierta a «nuevas interpretaciones». Incluso si el lugar fuese Espejo, dice, quedaría el valor de la imagen como icono. «Seguiría siendo la misma foto», apunta.

Lento descubrimiento de la verdad

 

    La historia de la foto ha sido tortuosa y, desde hace 30 años, plagada de dudas. El ICP de Nueva York, el instituto que conserva el legado de Capa, solo hizo públicas en el 2007 las 40 fotos conservadas, 34 atribuidas a Capa y 6 a Taro. Las publicadas en 1936 en la revista francesa Vu acompañaban, en una doble página, otras fotos realmente tomadas el 5 de septiembre en Cerro Muriano, con civiles huyendo, así que se asumió que formaban parte de la misma serie. Un retazo de horizonte en la foto del miliciano caído fue identificado por el profesor Francisco Moreno como Cerro Muriano, donde sí hubo combates, y años después se identificó al caído como el miliciano Federico Borrell, que sí murió allí.

 

    Parecían razones sólidas. Pero el documental "La sombra del iceberg", descartó la identificación de Borrell, y hace un mes, el libro Las sombras de la fotografía, del profesor de la Universidad del País Vasco José Manuel Susperregui reconocía las lomas de las fotografíasdesclasificadascomo Espejo, aunque creyó identificar el lugar como las trincheras avanzadas frente a las posiciones franquistas. El experto en Capa Carles Querol ha situado también in situ el paisaje. El punto identificado por este diario está más a la retaguardia y los testimonios confirman la ausencia de combates en las fechas en que Capa y Taro estuvieron allí

 

 

 

 

NUESTROS JUEGOS

 

LA BILARDA

 

La bilarda, era un juego de muchachos, compuesto de un palo de unos 15cm. de largo y 3cm. de ancho aguzado (afilado) por ambas extremidades, (que es la verdadera bilarda), y un palo o bate de unos 50cm. De largo y 3cm. de ancho para lanzarla.

El juego de la bilarda tiene para los niños más utilidad de lo que a simple vista parece, porque aumenta la fuerza del brazo que tiene el palo en la mano; da agilidad al cuerpo en general; enseña a sumar casi automáticamente; desarrolla la facultad de calcular distancias a ojo, y constituye un entretenimiento por los muchos vocablos que le son propios.

 

 

EJEMPLO PARA TRES JUGADORES

Se pone la bilarda en las “MOCHAS”, las mochas eran dos piedras que se colocaban una junto a otra, colocándose la bilarda sobre ellas a modo de puente.

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El jugador que lanza, mete el palo de lanzar bajo la bilarda y levantándola en el aire trata de golpearla para lanzarla lo más lejos posible.

 

Todos los demás jugadores intentaran cogerla en el aire, si alguno lo consigue la lanzara con la mano hacia las mochas tratando de golpearlas y tirar el palo de lanzar que previamente se puso sobre ellas. Si lo consigue, el jugador que lanzó con el bate pierde el turno, si no lo consigue, el jugador que lanzó, golpeará la bilarda en

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uno de sus extremos puntiagudos para que salte y una vez en el aire golpearla para alejarla lo más posible de las mochas. El jugador después de la tercera tirada, pedirá un número desde donde cayó la bilarda hasta las mochas.

 

Dicho número corresponderá a medidas con el palo de lanzar Ej.: pide 40 palos, Si el otro jugador los considera justos, dice: llévalas; si los cree excesivos, responde mídelas. Si al medir se queda corto por ejemplo pongamos que hay 45 medidas se da como correcto y el jugador se apunta los cuarenta que pidió y sigue jugando, si hubiera menos de 40 medidas, el jugador pierde y pasa turno al siguiente que comenzará un nuevo ciclo y así hasta terminar todos los jugadores ganando el que más puntos consiga en medidas de palo bien por un tiempo preestablecido o por una cantidad de puntos predeterminada. Se puede poner el juego por ejemplo en 200 puntos, terminando el juego el primer jugador en conseguirlo y así sucesivamente se irán saliendo el segundo, el tercero,, etc. Hasta quedar un perdedor que deberá pagar un castigo.

 

Como castigo el perdedor deberá de traer a cuestas a cada uno de los ganadores que por turno irán lanzando la bilarda desde las mochas a la mayor distancia posible desde la cual el perdedor cumplirá el castigo. Si el perdedor lograra coger la bilarda en el aire se libraría del castigo con ese lanzador, tirando el siguiente por turno hasta lanzar y ser traído a cuestas el último de los ganadores con lo que finaliza el juego.

 

NOTA:

Esto es más o menos lo que yo recuerdo del juego, pero si hay alguien que me lo afine un poco más ya sabe, en esta sección teneis un formulario para mandarme los comentarios que os apetezcan

 

 

 

EL JUEGO DEL JUNQUILLO

 

Otro juego que se utilizaba en nuestros tiempos era el del JUNQUILLO. Se jugaba en una zona de tierra húmeda o de barro despues de la lluvia.

Consistía en ir tirando al suelo e intentar clavar una navaja. Esta se tiraba desde varias posiciones:

 

Cogiendola por la hoja.


Desde las cachas.


Desde lo alto del puño cerrado.

 

Y otras que a cada grupo se le ocurria.

 

El que no clavaba la navaja tenia una penalización que consistia clavar un punzon de unos seis u ocho centimetros que se hacia de hueso o de madera, dicho punzon se clababa en el suelo dandole tres golpes con las mismas cachas de la navaja.

 

Habia algunos que lo incrustaban casi debajo de la tierra y la penalizacion era sacarlo con la boca

 

 

 

El Aro

 

Para el juego del aro se utilizan las llantas de bicicletas  viejas, cochecitos de niños y en general cualquier objeto de parecida forma a los antes mencionados, por lo general metálico. El juego del aro tiene como finalidad controlar los movimientos del mismo mediante una cabilla de hierro convenientemente doblada en uno de sus extremos en forma de “U”.

 

El juego consistía en rodar el aro a mucha velocidad pudiendo establecerse una competición con otros niños de velocidad o de habilidad

 

Juegos con aros

 

Partida de resistencia

En esta partida el vencedor es el jugador que consigue mantener más tiempo en pie el aro dándole vueltas con un palo. Si era posible, esta prueba se realizaba en campo abierto resultando ganador el que llegase a mayor distancia sin que se le cayera el aro.
 
La pista

Se traza una pista circular en el patio o en el jardín. Resultará vencedor el que dé mayor número de vueltas a la misma en un tiempo dado o bien el que emplee menor número de minutos en dar un determinado número de vueltas en un tiempo previamente fijado.

 

El aro loco

Gana la partida el que consigue mantenerse más tiempo dentro de un círculo de unos dos metros de diámetro haciendo dar vueltas al aro sin que salga del mismo.

 

Carrera general

Todos los jugadores se ponen en paralelo y parten hacia una meta distante de al menos cien metros. Será vencedor el que primero la alcance.

 

Guerra de aros

Puede hacerse en un patio o jardín si son grandes pero es preferible ejecutar el juego en campo abierto para que puedan colocarse dos bandos a una distancia no menor de 300 ó 400 metros. A una señal dada, los dos bandos que deberán tener el mismo número de jugadores parten en direcciones encontradas. Cada jugador debe procurar que su aro llegue a la meta opuesta sin haber chocado con otro. Si un equipo llega a su meta sin perder un aro, gana la partida. Si ambos llegan en idénticas circunstancias, la partida se repite. Un aro queda fuera de combate si cae al suelo por choque o por mala dirección de su dueño. Cuando los dos bandos pierden los aros gana la partida el bando que ha perdido menor número de aros.

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EL JUEGO DE LOS BOTONES

 

Este juego se hacía con los botones en el suelo.


   Se salía desde un punto de partida marcado en el suelo. Se empujaba el botón con la uña del dedo gordo y se lanzaba lo más lejos posible para que el siguiente no te cogiera, haciendo una especie de carrera de botones. Quien llegara primero a la meta establecida ganaba.

 

   Había otra modalidad que era según el número de agujeros que tenía el botón , el primer jugador tiraba y dejaba su botón donde caía luego tiraba el segundo jugador y si le daba (chocaba) a tu botón con el suyo tenias que darle un botón con el mismo número de agujeros, y así hasta llegar a la meta. Si conseguías llegar y no te había dado ningún compañero con el suyo, volvías a jugar de nuevo.


   El juego no tenia fin te podías retirar  bien porque perdías todos tus botones o por simple cansancio.

 

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CLASIFICACION DE LOS BOTONES

NORMALES
Estos eran los más corrientes, de dos o cuatro agujeros (abujeros decíamos aquí)


DE NACAR
Eran botones que por su color blanco parecido al nácar, se les llamaban así. A estos le dábamos un valor doble que a sus semejantes de hueso o plástico, que ya se veían algunos por aquellas fechas.


CHAQUETOS
Los botones de los chaquetones o de los abrigos. Eran más grandes que los normales y también eran de dos o cuatro agujeros
Los chaquetos por su tamaño, se les daba el valor de dos de nácar o de cuatro de los normales.

 

MACANAS
Eran botones que tenían forma de media esfera metálica en la parte superior y casi planos por abajo. Se utilizaba en las prendas militares y eran más difíciles de conseguir. A estos botones cada dueño le daba el valor que quería ya que se consideraban pizas casi exclusivas y nadie se atrevía a darle otro valor que el otorgado por su dueño, ya que este casi nunca bajaba del valor que le otorgaba. Según brillaba el metal podía ser más o menos alto este valor, pero siempre más que todos los demás.

 

 

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NÁCAR

 

AA

 

CHAQUETOS

  A  

MACANAS

 

 

CURIOSIDADES

 

  Con los botones llamados chaquetos de dos agujeros, (con los de cuatro utilizabamos dos opuestos), hacíamos un silbato. Para ello se introducía una cuerda por cada uno de los agujeros y se anudaba en la punta. Una vez cerrada la cuerda, haciendo una especie de circunferencia con el botón en el centro, la cuerda se enrollaba metiendo un dedo de cada mano por cada extremo y haciendo girar las manos hasta trenzarla, luego al tirar de los extremos con fuerza abriendo los brazos esta se desliaba, es decir una parte en un dedo de una mano y la otra en el otro dedo de la otra mano. Cuando por el efecto de liar y desliar la trenza el aire que pasaba por medio de los agujeros del botón y silbaba, con más intensidad, cuanto más intensa era la liada y desliada de la cuerda.

 

 

 

 

LA SERESANA CON EL TROMPO

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Bueno, Francisco Navarro Lucena me ha mandado esta historia donde nos cuenta como jugábamos al TROMPO. Yo también la recuerdo como él la describe.

 

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El juego del trompo era de esta manera.

 

 Se hacia una ceresana o seresana, como llamabamos a la circunferencia que dibujábamos en el suelo, bien con el sumber (zumbel), o cuerda que servía para hacer bailar (echar el trompo) siendo la largura del zumbel el radio de la ceresana.

 

“Para comenzar a jugar, se enrolla el zumbel de manera ascendente por el cono del trompo y el otro extremo de la cuerda se enrolla al dedo índice o terminaba en una chapa que hacíamos con las tapas de las botellas (los Platillos como les llamábamos) a la que hacíamos un agujero y pasábamos el zumbel anudándolo al otro lado y luego colocábamos entre los dedos medio y anular. Luego se lanza el trompo jalando fuerte la cuerda, de manera que empiece a girar cuando toque el suelo”

 

Desde fuera de este círculo se lanzaba hacia dentro el trompo teniendo este que quedar en el interior, si bailaba, es decir giraba sobre su eje, y se salia de la ceresana, podias lanzarlo otra vez, cuando te correspondiera, según el número de jugadores.

 

Si el trompo no bailaba, tenía que quedarse este en el centro de la ceresana, hasta que alguno de los que te seguían, cuando tiraban su trompo, le daba al tuyo y lo lanzaba fuera de ella.

 

Si bailaba, pero no se salía de la ceresana es decir quedaba bailando dentro el siguiente jugador podía lanzar su trompo contra el tuyo para intentar sacarlo del circulo igual que hacía con los que estaban presos por no haber bailado y si al terminar de girar no se salía de la ceresana quedaba preso en el centro con los demas.

 

Así podían quedar dentro de la misma tantos trompos como jugadores había, menos uno que sería el del campeón de esa partida.

También se daba la picaresca individual; había jugador que afilaba la punta de acero de su trompo y sacaba chichas, astillas del trompo que estaba en el centro, otros le cambiaban la punta al trompo poniendo una clavo de los que se usan para herrar los caballos, estos corrían más y se salían de la ceresana con mayor facilidad a estos trompos les llamabamos correcalles.

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Habia varios tipos de trompos: Los pequeños que llamábamos piripis y los grandes de barriga muy ancha que eran los pastorones.

 

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