VIENTOS MARINOS

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Como cada mañana justo al salir a la cubierta, el frío que helaba sus manos se le metía hasta los huesos.

Llevaba ya navegando dos años, dos largos años que hace que dejó su pueblo, sus amigos y la gente que lo vió crecer.

 

Unos días antes de partir, le preguntaban y a donde vas, y él,  a la MARINA a la ARMADA que suerte le decían unos y otros, y él con el miedo en el cuerpo y ese gusanillo que te come por dentro cuando abandonas por primera vez tu hogar, partió y se alejó del pueblo.  

 

Cuando vió por primera vez ese enorme barco al que lo habían destinado sintió miedo, nunca había estado tan cerca de uno tan grande (bueno no había estado nunca tan cerca de ningún barco) era una enorme mole gris y de hierro.

 

Recuerda que cuando llegó por primera vez a Cádiz  la ciudad lo recibió con un viento de levante de los que hacen época, el jamás había visto un vendaval semejante, en el pueblo a veces el solano era fuerte y seco pero esto era otra cosa.

    

Embarcó salió a navegar y por primera vez vió, como ese viento zarandeaba al barco como si fuera de papel, como si no fuera de hierro.

    

Las primeras náuseas del que no es marinero, las primeras tormentas en mar, las entradas y salidas del puerto que difícil era todo que distinto al pueblo.

    

Poco a poco fué perdiendo el miedo, “LA MAR ENDURECE A LOS HOMBRES”, eso había leído en alguna parte, pero ahora sabía que lo que endurece a los hombres no era la mar.

    

Había estado en varias misiones de paz y ahora volvía de Afganistán, meses atrás había estado en Haití en los dos sitios vió lo mismo, hambre miseria injusticias y muerte, demasiados muertos, demasiado sufrimiento, siguió pensando esto, mientras el viento se le metía en las entrañas y le helaba los huesos, hoy es imposible estar en cubierta con esta mar enfurecida y con este viento que quema los labios, que agarrota los dedos y que barre la cubierta de proa a popa jugando con el barco como una mota de polvo como un grano de arena en la tormenta de un desierto.

    

Pero acabo la ronda y cuando ya pensaba volver a dentro, sonó la alarma, esa alarma que te dice que la mar quiere su tributo que la mar quiere un muerto. Se aprende rápido, que cuando suena esa sirena hay quien está en apuros hay quien lucha con las olas hay quien está peleando con la mar sin la mas mínima defensa, que lo hace cuerpo a cuerpo.

    

Ahora hay que ayudar a los niños y cubrir a los muertos, en un cayuco de emigrantes, en un cayuco de negros lo que menos importa es el viento o el frío intenso que te hiela los huesos lo importante, son las vidas, vidas de gentes que como yo dejaron a tras su pueblo y embarcaron en la mar a merced de las olas y lo que quieran los vientos.


HACE TIEMPO QUE APRENDIO QUE LA MAR NO ENDURECE A LOS HOMBRES, LO HACE LA VIDA, LA INJUSTICIAS, LA DESIGUALDAD, LA MISERIA, EL HAMBRE, LAS FRONTERAS, LAS GUERRAS Y LAS POLITICAS DE LOS HOMBRES QUE SE CREEN DIFERENTES POR QUE NO SON NEGROS, NO VAN EN UN CAYUCO, TIENEN LA BARRIGA LLENA Y ESTAN EN SUS DESPACHOS AL ABRIGO DE LOS VIENTOS LEJOS DE LA MAR QUE PIDE EN CADA VIAJE EL TRIBUTO DE LA MUERTE, Y LLENAR SU FONDO DE MUERTOS.

 

-Yepo -